Él abrió un camino para llegar al Padre, no sólo para acudir a Él cuando estamos en problemas, sino para tener una intimidad continua, diaria, con el Padre a través del Hijo y del Espíritu Santo.
Que esta canción nos recuerde que fuimos llamados a buscarle, encontrarle y no soltarle, para estar listos para Su venida.
En mi lecho, en la noche, te anhelé,
Busqué tu rostro, pero no te encontré.
Me levanté, recorrí la ciudad,
Clamando por ti, mi amado sin igual.
Las calles y plazas conocieron mi voz,
Pregunté a los guardas: “¿Dónde está mi Dios?”
Y al poco tiempo, mis ojos te vieron,
Corrí a tus brazos y allí me detuvieron.
Te hallé y no te soltaré,
Te llevaré al lugar secreto del Rey.
Fuiste tú quien abrió el camino,
Y ahora puedo estar contigo.
No vengo solo a pedir,
Sino a vivir para ti,
A conocerte, adorarte y esperar,
Hasta el día en que vengas a reinar.
No solo acudo cuando hay necesidad,
Anhelo más que tu mano: tu verdad.
Es por tu cruz que hoy puedo entrar,
A esa gloria que el velo dejó pasar.
Te hallé y no te soltaré,
Mi alma te anhela, mi fe es tuya, Rey.
Espíritu Santo, llévame allí,
Donde el Padre me espera por ti.
No quiero sólo consuelo,
Quiero tu fuego eterno,
Y estar listo, Señor,
Para el día en que vengas por amor.


Comentarios
Publicar un comentario