Inspirada en 1 Pedro 4:13, esta canción nos recuerda que Jesús ya pagó el precio más alto y nos dignificó con Su gracia para servirle. Es una declaración de fidelidad, honra y gozo en medio de los padecimientos, sabiendo que en Su gloria también seremos participantes.
Una alabanza ideal para momentos de ministración, consagración y renovación del compromiso con el llamado. Porque sí… vale la pena servirle a Aquel que lo dio todo por nosotros.
Letra:
Verso 1
A veces pesa el paso en el camino,
y el alma quiere descansar.
Pero hay fuego en mi interior,
que no se puede apagar.
He llorado en la noche el proceso,
he dudado si puedo seguir…
Pero Tu voz me vuelve a alzar,
me recuerda a quién serví.
Coro
Vale la pena Tu llamado,
vale la pena el dolor.
Si Tú me diste este encargo,
Tú me vistes de honor.
El precio que en mí se exige
no se compara, Señor,
con el precio que pagaste
por llenarme de Tu amor.
Verso 2
No soy digno de llevar Tu gloria,
ni merezco Tu elección,
pero Tu sangre me cubrió,
me llamó con compasión.
Ministrar no es una corona,
es cargar lo que Tú cargaste.
Pero entre lágrimas y lucha,
¡Tu presencia me abrazaste!
Coro
Vale la pena Tu llamado,
vale la pena el dolor.
Si Tú me diste este encargo,
Tú me vistes de honor.
El precio que en mí se exige
no se compara, Señor,
con el precio que pagaste
por llenarme de Tu amor.
Puente
Gozo hay en compartir
los sufrimientos del Señor.
Porque pronto brillará
Tu gloria con resplandor.
Y me gozaré contigo,
en Tu luz y majestad,
porque nada se compara
con servirte de verdad.
Coro final
Vale la pena Tu llamado,
aunque duela el corazón.
Tú pagaste con Tu vida
y me diste comisión.
Tu presencia es mi corona,
Tu presencia es mi canción…
El más grande de los valores:
¡Llevar en mí Tu unción!

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